Después de África, Marruecos mira hacia América Latina

Tras el acceso al trono de SM el Rey Mohamed VI en el verano de 1999, Marruecos se dio a la tarea, como opción estratégica, abrirse al mundo exterior. Varias bazas lo predisponen a ello: una situación geográfica privilegiada, un posicionamiento como país no alineado, equidistancia con respecto a las grandes potencias de este mundo, una política de moderación que le permite jugar un papel de mediador activo entre el mundo musulmán y Occidente y una plataforma de cooperación Sur-Sur.

Para alcanzar este equilibrio, nuestro país readaptaba permanentemente las herramientas de implementación de su política extranjera a las mutaciones aceleradas en el plano regional e internacional. De este modo, gracias a sus diferentes acciones y viajes al extranjero, el Soberano está apostando por dar un fuerte impulso a la acción de apertura e intercambio en diversos ámbitos (cultural, espiritual y sobre todo económico) en aras de preservar los intereses estratégicos del Reino  y con el fin de "instaurar un partenariado ambicioso que una al mundo árabe, África y los países de América del Sur, en el marco del diálogo y de la cooperación Sur-Sur..." como afirmó en su histórico discurso de Dakar el 6 de noviembre de 2016.

La importancia que reviste el continente africano en el tablero geopolítico internacional está demostrada con creces y justifica las esperanzas que Marruecos funda en el desarrollo de sus relaciones con él. Sus relaciones cuentan con siglos de intercambios comerciales que sirven de marco y refuerzan el tejido de los lazos humanos, culturales y espirituales entre Marruecos y África subsahariana. En su ruta, en un sentido como en otro, las caravanas dejan los vestigios de una historia común cuyas principales características son el mestizaje de los hombres y la mezcla de culturas en torno a un islam tolerante profundamente impregnado de sufismo.

El Marruecos moderno no tiene otra aspiración que  perpetuar esta relación. Al Difunto Hassan II le gustaba comparar nuestro país a un árbol cuyas raíces se hunden en el suelo africano mientras que las ramas se alzan hacia Europa. Este arraigo se ha traducido primero en una solidaridad en la lucha por la independencia, luego en el compromiso por construir la unidad panafricana y, hoy bajo el reinado de Mohamed VI, en la voluntad de intensificar la cooperación Sur-Sur estableciendo lazos económicas cuyo objetivo principal es el desarrollo humano.

Durante las dos últimas décadas, las relaciones de Marruecos con África  han conocido un salto cualitativo relevante. El posicionamiento estratégico de Marruecos con respecto a África está movido principalmente por consideraciones de desarrollo del continente. Dichas consideraciones traducen la firme voluntad del Reino en acompañar el proceso de convergencia económica, social e institucional de sus socios africanos, especialmente en África Central y Occidental, sin olvidar la África anglosajona donde la última visita del Rey abre ante Marruecos nuevas oportunidades y grandes perspectivas de cooperación.

El enfoque preconizado por Marruecos no es fruto del azar, sino una política cuidadosamente estudiada y sabiamente ejecutada. El Soberano marroquí ha explicado en más de una ocasión los resortes y las motivaciones del papel catalizador de Marruecos en el continente africano, y ha reiterado en su discurso de Dakar del 6 de noviembre de 2016 con motivo del 41 aniversario de la Marcha Verde:   " La política africana de Marruecos no se va a circunscribir solo al África Occidental y Central. Procuraremos sobre todo que tenga un alcance continental y abarque todas las regiones de África".

Este planteamiento se deriva de la voluntad de contrarrestar las pretensiones de los adversarios de nuestra unidad territorial. Es dentro de esta lógica donde se inscribe obviamente la última visita real a África anglosajona, la primera en su género, en esta región donde nuestro país no acostumbra  a mantener una presencia notoria "...no por negligencia u omisión, como rezaba el discurso de Dakar, sino por motivos objetivos, como pueden ser la lengua, la lejanía geográfica y el diferente patrimonio histórico" y que Argelia y el "Polisario" consideraban, no hace mucho tiempo, como su coto privado.

Así, tras los resultados obtenidos ante los países de África Occidental, la diplomacia marroquí se focaliza  ahora  en África Oriental con la ambición de repetir los mismos logros, al decidir "imprimir una nueva dinámica en las relaciones económicas y políticas entre nuestros países, sopesando el peso político que representa esta región y las potencialidades económicas y estratégicas del que dispone" dixit el Soberano el 6 de noviembre de 2016.

En cuanto a nuestra integridad territorial, ya se observa que las posiciones de estos países evolucionan positivamente a nuestro favor: Ruanda (si bien reconoce la RASD desde 1976) ha hecho prueba de una neutralidad positiva de la cual Marruecos desea sacar partido. Con respecto a Tanzania, país que reconoce la RASD desde 1978, se dirige hacia la retirada de su reconocimiento a la RASD, aprovechando la normalización de sus relaciones con Marruecos. Esta tendencia ha sido ciertamente culminada mediante el regreso  de Marruecos al seno de la Unión Africana, que será oficializado en enero de 2017, durante la próxima Cumbre de jefes de Estados y gobiernos africanos que tendrá lugar en Adís Abeba en Etiopía.

Pero más allá del continente africano, y para seguir neutralizando las redes de apoyo histórico  a las tesis separatistas, Marruecos debe decantarse más por países del otro lado del Atlántico y más precisamente por países de América latina con quienes hemos mantenido, desde hace tiempo, relaciones relativamente tensas a causa de sus posiciones con respecto a nuestra integridad territorial. El estudio de la evolución de nuestras relaciones con cada uno de estos países deja entrever que conoce niveles contrastados, con una polarización sobre algunos países como, por ejemplo, Brasil

En 2004, SM el Rey Mohamed VI efectuó una visita a cuatro países sudamericanos. Dicha visita incorporaba tanto una dimensión política, en relación con la defensa de la marroquinidad del Sáhara, como una dimensión económica fuerte, materializada a  través de la firma de un acuerdo-marco Marruecos-Mercosur, con vistas a establecer posteriormente un acuerdo de libre intercambio.

A raíz de esta visita, las relaciones con Argentina, Chili y Perú conocieron un impulso particular. En cuanto a las relaciones con Colombia y Paraguay, han mejorado durante la última década. En relación al resto del subcontinente americano, se puede decir que Brasil y Chili tienen una posición generalmente favorable con respecto a la cuestión del Sáhara. El potencial de desarrollo de los intercambios comerciales con estos países es muy real y podría, sin lugar a dudas, constituir no solo la llave de entrada de Marruecos a América del Sur con fines económicos, sino también una posición avanzada para mejor defender la cuestión de la integridad territorial del Reino en esta región donde no solo tenemos amigos.

En efecto, si algunos países como Ecuador, Paraguay y Uruguay no se alinean automáticamente con posiciones anti-marroquíes, pero donde la acción diplomática marroquí debería de todos modos desplegarse con vigor, contemplando nuevos enfoques de cooperación y utilizando la influencia de algunos socios clave en la región, con otros países, como Bolivia, Venezuela y sobre todo Cuba, donde las perspectivas de cooperación son muy limitadas por no decir nulas, Marruecos tiene interés en cambiar de táctica y contar más con otros vectores que con las tradicionales vías diplomáticas,  ineficaces a todas luces. Hay que señalar  que tentativas en este sentido han sido emprendidas por actores de la sociedad civil a ambos lados del Atlántico y que merecen ser  alentadas.

La creciente influencia que ejercen los actores sobre las relaciones internacionales está hoy probada. La mayoría de los Estados cuentan con estos actores en sus acciones diplomáticas para hacer valer sus intereses estratégicos. Consciente de la importancia de estos actores, Marruecos debería alentar su implicación en el esfuerzo de promocionar la imagen de Marruecos a nivel internacional y en defender sus intereses vitales, especialmente la cuestión nacional de la integridad territorial.

Por lo tanto, es hora de implicar los actores no gubernamentales  en la nueva estrategia de posicionamiento de Marruecos en América del Sur, en especial los partidos políticos, los actores asociativos, el sector privado, y poner a contribución los marroquíes que residen en América del Sur con el propósito de hacer de ellos una verdadera correa de transmisión entre las sociedades civiles marroquí y sudamericana, sin renunciar por ello a la necesidad de la explotación de espacios de comunicación que se ofrecen a nivel internacional para difundir una imagen de Marruecos más cercana a la realidad que la que está en la mente de las poblaciones y dirigentes sudamericanos.